8 de marzo de 2018
Paro de mujeres y marcha sin hombres (Lo importante y lo anecdótico)
Los grandes debates de fondo de la sociedad suelen hacernos perder esfuerzos incomensurables en pequeñeces. Como sociedad, los argentinos, estamos siendo testigos del profundo e irreversible cambio cultural, producto de la lucha de miles de mujeres. Miles de mujeres por todo el país que construyeron una movimiento complejo y de un pluralismo llamativo que resume en la consigna Ni UNA MENOS una serie de injusticias que ya no están dispuestas a seguir tolerando. Y de golpe estamos discutiendo sobre si está “bien” o “mal” que las mujeres marchen solas en el marco del paro de las mujeres trabajadoras.

 

Sólo quien desconoce la complejidad de la construcción colectiva puede atraverse al tupé de opinar liviana e irresponsablemente respecto a una desición debatida y concensuada en el marco de una asamblea colectiva tan diversa. La cultura del “ME GUSTA”, de la opinión fácil desde las redes sociales son caldo de cultivo para apinadores y opinadoras seriales.

Los actores entrenan la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Si cualquier señor o señora que twitea desde el celu mientras se come un sandwich puteanto porque “no dejan ir a los varones a la marcha”. hiciera el ejercio de ponerse en el lugar de una militante que hace 3 años se viene reuniendo, discutiendo y accionando por su lucha y que en la última asamblea se pasó consensuando este criterio entre los muchos que pretendían imponerse, seguro q  borraría con el codo lo que twiteó con jamón y queso.

La marcha es de mujeres solas porque así lo resolvieron las verdaderas protagonistas de esta lucha: las mujeres que militan, que ponen de su tiempo y de sus vidas en luchar por cambiar una injusticia. Joan Manuel Serrat, de paso por Argentina, dijo que “realmente el papel de la mujer en la sociedad está muy por encima de las recompensas que recibe”. ¿Alguien puede dudar que esto es cierto? ¿Alguien puede dudar de lo justa que es esta lucha?. Si, el y la que ignoran.

La sociedad ha conquistado derechos a fuerza de lucha colectiva. Luchas que han madurado su posibilidad hasta hacerse realidad. O por la permeabilidad de un gobierno, o por el clamor popular, o por la presión de colectivos que evidenciaron injusticias.

Todas las luchas colectivas maduran sus momentos. Encuentran sus oportunidades. Modelan o profundizan sus consignas. Atacan para provocar la atención o se abren para buscar consensos más amplios.

Quienes, como testigos afines a esta lucha, nos perdemos en los laberintos inconducentes de las pequeñeses, flaco favor le hacemos a una lucha que creemos justa. La nimiedad de discutir si los varones caminan junto a las mujeres o las esperan en el lugar del acto central  es caldo de cultivo para lo peor de siempre.

Ya llegarán tiempos de síntesis. Antes que esperar discursos más amables y posiciones menos radicalizadas, es más importante que los machos dejen de matar a “sus” mujeres, que los espacios de poder y desición sean repartidos y que por las mismas tareas se perciban las mismas remuneraciones. No se puede pretender lo uno con más vigorosidad que lo otro. Y mucho menos desde el lugar de espectador de un tiempo de cambios.

Si hoy hay campo fertil para sembrar cambios sociales en este aspecto es gracias a las mujeres que se organizan y luchan. Será ese colectivo quien tenga que lidiar con los humores de una sociedad que se debate entre acompañar reclamos justos o despotricar por cualquier detalle mínimo. Será ese colectivo quien también tenga que inventar el antídoto contra los mensajes recortados que proponen los grandes medios. Será ese colectivo quien abra las salidas de emergencia del laberinto del “dejaron todas las paredes pintadas” y la llegada al sueño del Ni UNA MENOS. Será ese colectivo que logró tanto como nunca antes se había logrado.

Allí estaremos el 8. Esperando en el punto del acto central que la “marea femenina” haya surcado victoriosa el camino de un reclamo justo. Allí estaremos, en el lugar que nos asignaron las mujeres que militan por un mundo más justo. Aunque, al igual que la señora o el señor que twitea mientras come sandwich, creamos o no, que el planteo de marchar sin hombres resta más de lo que suma entre los testigos que aún no están seguros de qué lado de la mecha están parados y paradas.



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